El perico de Damocles

Damocles nos dijo que vendía Perico a buen precio.

Yo no sabía que era perico y no sabía que era un buen precio. Mi hermano tampoco.

Damocles pagó la cuenta de todos  en el bar y salimos al estacionamiento. Hacía mucho frío. Era Febrero y Wisconsin estaba blanco como la Antártida. Subimos al auto de Damocles que ya había sido encendido por un sistema a control remoto, para que cuando entremos a él no tuviese la temperatura de un congelador y más bien, se convirtiése en un refugio contra aquel congelante clima.

No quise decirle a Damocles que no sabía lo que era Perico. No quería parecer idiota delante de él. Al fin y al cabo, él había pagado la cuenta. Habíamos bebido unas 10 cervezas Corona cada uno y estábamos medio borrachos todos. Quizás si lo dejaba hablar un rato más y usando mi gran capacidad lógica, entendería lo que era el Perico y sabría si el precio era justo o no.

Llegamos al entierro al que debíamos ir. Todos eramos latinos. Los latinos no hacen mucho juego con la nieve. Los afroamericanos tampoco. Hay algo que no cuadra con nuestro color de piel y el medio ambiente albo. Es quizás algo evolutivo.No lo sé. Pero todos esos dominicanos, peruanos y puertorriqueños no hacían demasiado juego con la ambientación. Cuando empezó el entierro me dieron ganas de vomitar. Las Coronas se me salían por las orejas. Damocles estaba feliz sonriendo. Se lo notaba tranquilo viendo como su cuñado estaba siendo enterrado.  Dentro de todo ese grupo de latinos había una chica blanca como blanca nieves. Tenía los ojos más azules del mundo y se parecía a Avril Lavigne. Toda la situación esa me parecía demasiado Complicated para mi gusto.

Cuando el sacerdote terminó la oración en inglés, que menos de la mitad de la gente presente entendió, nos fuimos de ahí a casa de un puertorriqueño que era hermano del muerto. Osea otro cuñado de Damocles. Uno ya estaba muerto y el otro seguía vivo. Nos invitó a comer el vivo. No nos conocía ni en pelea de perros pero nos dió comida en el funeral de su hermano. Le presentamos el pésame pese  a que al muerto tampoco lo habíamos conocido jamás. Llevábamos dos días en Wisconsin. No concíamos a nadie. Damocles nos vio con cara de perdidos en aquella barra un día antes y nos invitó un par de cervezas. Luego de decirle que éramos de Perú nos habló del Perico.

Nos invitó a una reunión al día siguiente. No sabíamos que era un funeral. Pero ya estábamos ahí comiendo después de haber enterrado a un muerto que no conocíamos. Avril Lavigne estaba ahí también. Avril Lavigne me gustaba mucho. Aunque pronto me di cuenta que era la novia del hijo del difunto. Osea la nuera del muerto. En resumen: Era territorio prohibido.

Todos en aquel funeral hablaron del Perico. De cómo se vendía. De cuando se ganaba. De porcentajes. De el nuevo carro de Damocles. Comprado con las ventas de este último trimestre.

De pronto me di cuenta de que se trataba todo. Me había tomado un tiempo. No había visto ningún episodio de Breaking Bad hasta ese momento. Es más, ni siquiera lo habían filmado aún. Mi hermano percibió lo mismo que yo, al mismo tiempo que yo. Nos miramos de reojo y ladeamos las cabezas indicándonos mutuamente que debíamos salir de ahí cuanto antes.

Le dijimos a Damocles que debíamos irnos y que estábamos muy agradecidos por todo. Damocles nos dijo que estaría encantado de hacer negocio con sus nuevos amigos peruanos. Nosotros le dijimos que nosotros también. Abrimos la puerta de la casa. Salimos a las calles heladas de Madison. Congelándonos caminamos hasta nuestro hotel. Cuando entramos al tufo del aire acondicionado del Lobby nuestras narices cobraron nuevamente su sensibilidad. Corrimos a la habitación. Pedimos que adelanten nuestro vuelo para a la primera hora de la mañana del día siguiente.

Nunca más vimos a Damocles.

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Estoy loco como Toño Da Lua…

He visto cosas maravillosas. He visto una mesa volar. He visto un burro hablar. He visto a mi padre agarrar a ostias a mi madre mientras le decía Te amo. He visto a mi madre agarrar a ostias a mi padre mientras le decía Yo también.

Puede que pienses que estoy medio loco: Este tío está chiflado escribiendo de burros que hablan. Pero no te miento. Un burro que se llamaba  Platero que tenía la panza como algodon Pima me habló de la vida mientras comía una zanahoria muy naranja. Yo se la había puesto en la boca. Él solo se limitaba a masticar y a masticar hasta que me dijo: La vida es una mierda Chaval

Yo era un chaval sí. Tenía nueve años, también y ya sabía que la vida era una mierda, como no.

Mi vecina de 8 años me había rechazado y me había roto el corazón. Aunque el burro no se refería exactamente a eso. Se refería a la vida en general. Yo le dije: ¿Puedes hablar? El burro se terminó la zanahoria y me dijo: No solo tienes cara de retardado, al parecer, lo eres. ¿No te das cuenta que te estoy hablando?

-Claro que me doy cuenta señor burro.

-No soy un señor, soy menor que tú.

-Oh.

-No te preocupes chaval. Das pena de lo preocupado que andas y de lo cojudo que eres…

El burro se volteó y no dijo una palabra más. Nunca volvió a abrir la boca. Al menos nunca más para decir algo. Unos días después vi como moría decapitado. Lo iban a hacer sopa para los perros policías.

Aquella tarde en que hablé con el burro regresé a casa y vi la mesa del comedor flotando. Eran ya dos cosas antinaturales que sucedían en el mismo día. El burro que estaba amarrado a un árbol en el patio de mi casa, me había hablado acerca de la vida. Además de eso, la mesa del comedor estaba flotando. Quizás me estoy volviendo loco, pensé. Quise llamar a alguien para que vea lo que yo veía. Para que escuché lo que yo escuchaba.

Se lo conté a mi madre. Y me dijo: Hay hijito, tú y tus cosas raras… Dijo eso mientras estaba echada en su cama viendo una telenovela de la red Oglobo.

Se lo conté a la niña de al lado. La misma que me había rechazado. Me dijo: No te creo. Me mentiste acerca del pollo muerto que desenterramos. Me dijiste que esos huesos eran de Tutankamón. No lo eran. Mi papá me dijo la verdad. No te quiero ver más.

Corrí lejos de mi casa, del burro y de la mesa flotadora. Corrí hasta que llegué a la casa de mi mejor amigo y le conté todo acerca ese día tan raro. Le dije: Tienes que creerme. La vida es una mierda. Los burros pueden hablar. Las mesas flotan y mis papás se pegan amándose. Por favor créeme. Créeme. Créeme. Mi mejor amigo se rió en mi cara. No paró de hacerlo durante quince minutos. Luego me dijo: Estás tan loco como Toño Da Lua…

No me gusta así…

-Te he dicho que no me gusta así…

-Ya pues, un ratito nada más, sabes que me vengo rápido…

-Eres un enfermo… ¿Por qué no eres como el resto de la gente y me haces el amor de una manera más “normal”?

-No, no, no, ¿Enfermo yo? Soy bastante normalito… A todo el mundo le gusta esto…Es lo usual. Es lo normal… La gente tira así siempre y nadie hace tanto rollo como tú.

-Osea, ¿Te hago rollo ah? ¿Me pides porquerías y yo soy la que te hago el rollo?

-Dale. Un ratito nomás. ¿Qué te cuesta?

-Mi dignidad, pues huevón…

-¿Osea te vas a sentir “indigna” si lo hacemos así?

-Claro… Eso solo lo hacen las putillas y esas actrices porno que tanto te gusta ver…Cochino.

-Ok, bueno. ¿No quieres hacerlo? No lo hagas… Déjalo ahí y ya…Ya no quiero venirme. Se me han ido las ganas…

-Ya pues, no seas infantil. Métela por aquí nomás…Y ya, todos felices…

-No soy feliz…

-¿Qué dices? ¿No eres felíz? ¿No eres feliz conmigo?

-No…

-¿Me estás diciendo que porque no quiero hacer una de tus cochinadas en la cama dejas de ser feliz conmigo?

-Sí y no…

-¿Cómo es eso?

-No he sido feliz por mucho tiempo… Años…Todo este tiempo…Solo ha sido niebla para mí..

-¿Niebla? ¿Qué demonios dices?

-Que todo ha sido gris… Mi vida ha sido gris…Tú has sido gris conmigo…Nuestra relación ha sido gris y aburrida estos últimos años…

-¿Estás siendo sincero en este momento, o solo quieres que sienta lástima por ti y tengamos sexo por atrás?

-Estoy siendo sincero…

-No sabia que te sentías así…Osea te he visto cabizbajo últimamente pero no para tanto…¿Ya no me quieres a tu lado?

-Eres lo que más quiero…

-¿Ah sí?

-Sí…

-Yo también te quiero…

-Te necesito…

-Y yo a tí…

-Date la vuelta cariño…

-Eres un tramposo de mierda… Me quieres tocar el sentimiento para darme por atrás!!

-No…Para nada…

-¿No?.. ¿Y que demonios fue eso de “Te quiero, date la vuelta”?

-Pensé que querías hacerme feliz…

-No me jodas…A mí no me hace felíz meterte cosas al orto…Así que para mí, tu concepto de felicidad está bastante distorsionado…

-Hay gente que salta en paracaídas para ser felíz…

-Anda a saltar de donde te dé la gana, pero a mí no me sáltas encima por atrás…

-Eres una pareja rara…No entiendes mis necesidades….

-Las entiendo mi amor…Créeme…Tienes la necesidad de ser feliz y de subyugar mi pobre trasero para que tu pobre autoestima mejore un poco… Después de darme por ahí te vas a sentir un poquito más hombre ¿No es eso?

-Vete a la mierda. Me voy a dormir…

-Duérmete pues gilipollas, tú te lo pierdes…

-…Tú te lo pierdes cojuda…

-¿Qué me pierdo? ¿Esa cosa blandengue que tienes ahí? Ja! No me hagas  reir….

-Si es blandengue porque lloras tanto entonces cuando te la meto por atrás… ¿Ah?

-Nunca me la has metido por atrás pajero…

-Hace quince años lo hice, por una hora entera, o estás tan vieja que tienes alzehimer?

-¿Me has dicho vieja?……..Vete al sofá antes de que te rompa la cara a arañones…Vete por tu propio bien…¡¡¡Vete ya!!!

Aquella noche, Ernesto Zambrano durmió en el sofá de paño de su casa en Lima.

Afuera en la calle, los ladrones robaron. Los gallinazos sin plumas se masturbaron. Un Vendedor de emolientes orinó en la olla de su preparación para tener suerte. La niebla mojó las calles de la madrugada, tenue y lentamente como si tuviera todo el tiempo del mundo…

Ernesto Zambrano abrazó fuerte una almohada y se hizo, lento y cordialmente, el amor…

Las Chicas “buenas” de Israel

Las cosas que uno se encuentra en la playa de Tel Aviv.

Las cosas que uno se encuentra en la playa de Tel Aviv.

Me he acostumbrado a ver chicas guapas. A ver chicos guapos. A ver homosexuales “churros” y lesbianas hermosas.

Israel está lleno de gente guapa. De chicas con pechos imposibles. De hombres que parecen una escultura de Adonis. Me he acostumbrado tanto a está “vista” que cuando la dirijo a otro lado, la gente me parece (¿cómo decirlo de buena manera?) “menos agraciada”.

El otro día leí un articulo en que se consideraba a Tel Aviv la segunda ciudad más sexy del mundo. Después del barrio de Ipanema en Rio. Las dos encabezaban una lista de diez ciudades en las que se encuentran lugares como New York, Tokyo, Milán o Paris. Si puedo dar mi punto de vista personal al respecto: Nunca he visto gente más guapa que en Tel Aviv. Osea, el indice per capita de chicas “ricas” es altísimo.

Dije chicas, porque  a partir de este momento, en este post solo voy a hablar de las “chicas”. Que para cualquier hombre soltero, casado, divorciado, viudo es lo que realmente importa. Las chicas en Tel Aviv están buenas. Muy buenas. Si un día se te da por pasear por el cuartel general del ejercito de Israel en Tel Aviv te darás cuenta que todas las soldados se ven como modelos. Hay unas que en la noche “realmente” salen a modelar.

Así que no me quejo de la vista cuando salgo a correr en el Ayarkon, el “Central Park” de Tel Aviv, ni cuando me voy a correr o a pasear frente a la playa. Y no hablo de la “vista” refiriéndome a  lo lindas que se ven las aguas turquesas del Mediterráneo. Hablo de las chicas en bikini tiradas en la arena. Hablo de las atletas corredoras…Hablo de la piel bronceada, de los cabellos castaños, de los pechos firmes y de los rostros bellos. Eso es lo que hay y eso es a lo que me enfrento en esta tierra de leche y miel.

No piensen que soy un pervertido mañosón, soy más bien, un tipo tranquilon en esos aspectos. Pero que se va a hacer. Cuando tienes un millón de dolares frente a ti es casi imposible no querer estirar la mano. Aunque como dice el dicho: “Se mira, pero no se toca” y yo estoy confinado a eso. A solo mirar, a tasar, a romperme el ojo. Porque de tocar nicas. El toqueteo me lo han vetado hace tiempo ya. Soy algo así como los viejitos del parque. Esos que la pasan felices alimentando palomas y matándose a pajas visuales mientras miran a las chicas pasear en bicicleta. Algo así soy yo. No porque lo años me hayan puesto en la banca. Sino porque los compromisos sociales de nuestra época intentan subyugar a nuestros espíritus polígamos de cazadores recolectores, a un estatus de monogámia post revolución tecnológica en la que no las pasamos sentados un montón de tiempo en bancas dando de comer a los pájaros o en bancas frente a computadoras que van a terminar de darnos de comer a nosotros.

Aunque ese no es el tema. El tema son las chicas guapas te Tel Aviv y de todo Israel. Esas que pululan en todas las calles y esquinas de este país. En donde hasta las meseras están bien buenas y las que te ponen la gasolina al carro también. Aunque después de haber dicho todo esto tengo que decir que mi pareja es la más bonita de todas (por miedo a una reacción que desemboque en puñete en los huevos) quizás deba decir que mis amigas más cercanas son guapas también. Las más guapas de la historia del medio oriente. Quizás así y solo así pueda recibir el permiso necesario para publicar estas líneas, que seguramente van a ser “mal entendidas” por muchos mortales monses que me van a responder de que las mujeres de su barrio, de su ciudad y de su país están más buenas que las de aquí. Porque yo no se apreciar la belleza autóctona, o las carnes bien puestas sobre un esqueleto.

Para que seguir escribiendo. Les dejo un poco de información gráfica para que ustedes mismos decidan.

Interesante vídeo en el se ven chicas soldados que modelan en su tiempo libre para una nueva marca de ropa.

Perro estirándose en la mañana mirando la salida del sol

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De pronto a todo el mundo le gusta estirarse. No sé si soy yo el despistado o es que, en estos últimos años,  ellos se han reproducido como gremlins en una piscina.

Me refiero a los Yogis (joder ni siquiera sé como se escribe, ni  quiero saberlo). Últimamente  me encuentro con incontables centros de yoga. Hay uno en cada esquina. Cuando era niño habían panaderías y bodegas en las esquinas. Hoy hay escuelas o centros de yoga. La verdad es que no me molestaría mucho si a través de los escaparates viera chicas estirándose. Hay muchas que se estiran bastante bien. Hay otras que no lo hacen tan bien, pero se ven excelente. Hay otras que no se ven ni excelente ni se estiran bien, pero al menos tienen esas mallas de yogi (¿así se dice?) que las hace algo sexys. Ok no me molestaría si eso fuera todo lo que veo. Pero eso no es todo lo que veo. Ni es lo que veras en caso de que estés parado en la esquina en la cual me suelo parar a ver como la gente se estira. Además de las chicas, hay chicos. Hombres. Cabrones llenos de testosterona. Peludos y musculosos intentando estirarse. Es un espectáculo patético ver un hombre haciendo esas poses de perro despertando o perro medio estirado o perro muerto. No sé como demonios se llaman las poses pero algo de perro tienen. En fin, como decía, se les ve demasiado mal. Si alguien sabe de biología, sabrá que las células musculares  de los hombres y las de las mujeres son completamente distintas. Nosotros somos más fuertes. Ellas son más flexibles. Además a las chicas les va bien la maya y eso de andarse estirando. Me gusta ver a esas chicas que se estiran en las olimpiadas con la pelotita y con el palito ese que tiran al cielo. No me gustaría ver hombres haciendo ese juego de la pelota. Como que me aborrece en demasía ver a tanto mariconcete estirándose en una clase de yoga. Ok, quizás no sean maricones y vayan a romperse el ojo con toda la cantidad de mujeres en malla de la clase. Quizás sea así. Pero ni por eso yo iría a someterme a una tortura de la época de la inquisición. Abriéndome, doblándome, desgarrando mis músculos. Escuchando una músiquilla india y la voz de alguna profesora que habla de astros y estrellas y que los conjugues todos con tu respiración. Uno, dos, tres…Ahora exhalen…

No me jodan, el yoga es para chicas y debe prohibirse la admisión a hombres. Los hombres debemos correr o levantar pesos o hacer croosfit o ir a matarnos en un pub a botellazos. Los más avezados deberíamos pelear alguna arte marcial. Quizás boxear. ¿Pero Yoga? No señores. Yoga no.

Espero no herir la susceptibilidad de alguno de ustedes que sí hace yoga. Si haces yoga y eres hombre. No me leas. Gracias.

Cerveza y monasterio

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Me gusta beber cerveza.

La bebo desde los quince años. He dormido gracias a ella. He hecho el amor gracias a ella. He peleado como Tyson gracias a ella y he escrito como loco gracias a ella.

Estarás pensando que soy una especie de alcohólico.

No lo soy. A estás alturas de mi existencia, prácticamente, no bebo nada más que agua. Pero amo la cerveza y muy de vez en cuando me permito el degustar su sabor amargo y ver el compás de las burbujas luchando por salir desde el fondo del vaso hacia la superficie, hasta hacerse espuma. Alba espuma.

Cuando era chico siempre me decía que cuando sea “grande” me iba comprar un avión a control remoto. Nunca me lo he comprado a pesar de que soy “grande”. Eso importa muy poco en está historia. Pero lo puse aquí para que entiendas que en vez de ahorrar dinero para mi supuesto aeroplano, ahora lo gasto comprándome cervezas caras. Caras y raras. Las pruebo. Las degusto. Las gozo. Ellas me gozan a mí. Y me voy a dormir después de eso.

Últimamente se me ha dado por tomar cervezas belgas. Esas que hacen en monasterios que están en la punta de alguna montaña. Con monjes y todo. Pensándolo bien, esos monjes tienen una vida realmente simpática. Producen cerveza rica. La venden. Tienen mucho dinero. Beben mucho de su producción también. Y rezan. Rezan y rezan y supongo que con el dinero que han ganado después de producir su elixir se lo gastan yéndose de putas. O mejor dicho, las putas se van de mojes. Lo hacen de es manera porque ellos no pueden salir del monasterio.

La verdad es que no me interesa que hagan los monjes con su vida. Y si se van de putas o las putas de monjes, no es cosa mía ni de nadie. Lo que sí es cosas mía es que he pensado seriamente irme a alguno de esos monasterios a beber cerveza  fresca del barril. Quizás en alguno de mis viajes raros lo pueda hacer. Hasta entonces me conformo con tomar la cerveza sagrada aquí donde vivo, pagando mucho por ella. Dejando de lado mi aeroplano infantil para poder seguir bebiendo el mejor jugo creado por el ser humano.

Tengo ganas de un buen vaso helado con una cerveza con el 10% de alcohol. Quizás sentado en algún bar frente al mar mediterráneo. Mientras algún  pájaro o Drone sobrevuela sobre mi cabeza. Escuchando de sound track alguna buena canción de alt- j.

No sé Bailar

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No sé bailar ni mierda:

No es que no sepa bailar una cumbia o una salsa bien bailada.

No sé bailar nada.

Mi cuerpo no es capaz de entrar en sintonía con nada de lo que entra por mis oídos. Quizás es un defecto genético. Quizás es un trauma. Quizás es que odio que se burlen de mí mientras hago movimientos “pulpezcos”. No sé que es lo que me pasa pero no puedo bailar ni el mejor “hitaso” del verano. Soy un hueso duro de roer si alguien intenta sacarme a bailar. Por lo misma razón “ósea” que tengo la flexibilidad de un fémur.

Para auto consolarme me digo lo mismo siempre: “Los verdaderos hombres no bailan”. Solo los “mariconcetes” son bailarines profesionales. Así que cuando veo un tipo bailando de puta madre al estilo Travolta o Ricky Martin. Siempre me digo: “De hecho es cabrazo…” (como Travolta o Ricky Martin). Sonrío en mi interior y me burlo de todas esas chicas estafadas. Que se ponen loquitas viendo al “rey” de la pista de baile.

Una vez una chica me pidió bailar con ella. Le dije sinceramente: “No se bailar nada…”. “No hay problema, yo te enseño…” Me dijo sonriendo. A los tres minutos se dio por vencida y me dijo algo raro: “En VERDAD no bailas nada…”. No sé hasta el día de hoy que esperaba. Supongo que esperaba que mis palabras sean un simple símbolo de modestia y que cuando empezara a bailar sería algo así como Joaquín Cortez.

No soy Joaquín Cortez. Me creo más Clint Eastwood. No me imagino al bueno de Clint bailando el “Meneito” o “El baile del perrito”. He creado un aura a mi alrededor de tipejo malhumorado. Y eso está bien. Ya nadie me saca a bailar en ningún sitio. Ni en los matrimonios. Hace unos años, unos buenos amigos se casaron y quisieron que salte con ellos mientras compartía su felicidad (Realmente compartía su felicidad pero no por eso iba a saltar como un retardado). Casi le doblo la mano al novio cuando intentó a la fuerza sacarme de mi silla para que salte. No señores yo no salto. No bailo. Ni hago twerking. Llevo casi 20 años en la barra. Bebiendo mi cerveza con parsimonia (o sin parsimonia). Hablando como un cotorro (porque cuando me emborracho puedo hablar hasta del loro de Flaubert) pero nunca bailando. Bailar se lo dejo a los maricas y los que les gusta hacer el ridículo. Las chicas son bienvenidas a bailar. Ellas se ven bien saltando y moviéndose. Son más flexibles y bonitas que los hombres.

Lo voy a dejar aquí. Recordando esa sensación horrible que me surcaba el cuerpo, mientras en las fiestas del colegio todos salían a bailar y chapaban rico, mientras que yo me quedaba en mi silla de plástico “roma” sin cerveza (porque nos daban alguna porquería sin alcohol en el colegio de curas en el que estudié) mirando a todos de derecha a izquierda saltando con el tempo musical. Mientras que yo… yo odiaba al planeta tierra.

Las finas arenas de Bali

Kate Upton en la Antartida...Suerte la de los pingüinos.

Kate Upton en la Antartida…Suerte la de los pingüinos.

 

Hay días en los cuales me levantó con una insufrible sensación de aburrimiento. Me aburre el haber abierto los ojos y encontrarme en esta tenue bruma que es la realidad. No importa mucho si es que están disparando cientos de cohetes por día a mi país y estamos casi al borde de la guerra total. Hay días, como el de hoy día, en el que siento el peso del tedio sobre los hombros y lo  único que quiero y deseo, es regresar a mi cama a dormir. Supongo que ti, querido lector/a te ha sucedido alguna vez.

Metido en mi cama y en el medio de mis sueños quizás me pueda trasladar a un lugar menos aburrido y bombardeado que este. Quizás pueda verme en alguna remota playa de Bali, viendo a Kate Upton salir del mar en un diminuto bikini blanco. ¡Ah! eso estaría bien. Podría soñar que ella se acerca a mí surcando la fina arena blanca, solo para sentarse a mi lado mientras roza su nariz con la mía. Me daría, algo así, como un besito esquimal.

Lástima que no puedo echarme a dormir en este instante. Lástima que Kate Upton no se va a encontrar conmigo en Bali y mis pies no van a rozar las arenas blancas de ninguna playa en el lejano oriente. Quizás mis pies con mis botas puestas caminen en unos días o en algunas semanas por la franja de Gaza y se llenen de arena ahí. Es una opción que no hace más que sumirme en la bruma del hastío. Más y más.

Pese a que disfruto del ejercito como si estuviera en el “Play Land Park”, no quiero meter mis pies en Gaza. No quiero que me disparen cohetes a la casa. No quiero correr a algún refugio antibombas una vez cada cuatro horas. No quiero escuchar los noticieros repetir lo mismo. No quiero ver de de nuevo el mal remake de superman. No quiero mirar a una pantalla de computadora ocho horas seguidas. No quiero estar en una oficina bajo el asqueroso neón que hay siempre en las oficinas. Este mundo se esta yendo a pique precisamente por eso. Porque la mayoría de gente “productiva”,de hoy en día, se la pasa bajo los putos neones y aspirando aire acondicionado.

En cambio quiero:

Estar en Bali con Kate Upton. Quizás el estar en Bali con mi esposa no estaría nada mal tampoco. Quisiera ponerme una mochila y rodar por algún lado autentico del mundo en donde aún no hayan llegado los fluorescentes asquerosos a las oficinas, o mejor aún, ir a un lugar en el que las oficinas no existan. Quizás cruzar sudamerica en Jeep. No por la carretera, sino por el campo. Subiendo monte y bajando monte. ¡Sí! esos pensamientos están comenzando a exitarme y a sacarme  de este tedio oficinezco en el que estoy sumido hoy. Quizás viajar en jeep y dormir en carpa durante seis meses podría ser delicioso. Si he imaginado el  surcar sudamérica.  Podría ir un poco más lejos he imaginarme que voy a darle la vuelta al mundo. ¡Sí! eso suena mejor aún. Surcar los cinco continentes sobre ruedas y hacer Kayak hasta el sexto mientras beso a los pingüinos en el estrecho de Magallanes.

Todo eso podría excitarme mucho y hacerme sentir más que vivo. Vivísimo.

Dos horas y quince minutos para salir de la oficina.

Al otro lado de la frontera

El Jeep tenía dos puertas en la parte de atrás  que se abrían de par en par. Una vez que el conductor bajase la velocidad a menos de cinco kilómetros por hora, contaríamos hasta tres y abriríamos las puertas con rapidez. Luego saltaríamos a la vía y sintiéndonos amparados por la oscuridad, correríamos hacia el arbusto más cercano. Nos pondríamos de rodillas y veríamos como el Jepp desaparecería por la oscura carretera con las luces apagadas…..

Al haber desaparecido el vehículo, empezaríamos la navegación terrestre hasta el punto que habíamos marcado en el mapa  y en el cual constituiríamos nuestro puesto. Habíamos estudiado aquel mapa durante dos días. Cada quebrada, valle, wadi y demás accidentes geográficos nos eran conocidos. Habíamos repasado nuestro camino por medio de un programa de computadora. Llevábamos un dispositivo GPS militar con el cual (en caso de emergencia) nos podrían corregir por radio, si en caso perdíamos el rumbo en medio de la noche.

No lo hicimos. Navegamos bien, los dos. Uno, la primera parte del camino y el otro, la segunda. Con cuarenta kilos de peso a la espalda cada uno. Cargábamos con un equipo que nos daba setenta y dos horas de autonomía. Cada uno con una m-4 en las manos. Zapatos de montaña de invierno canadienses. El uniforme cubierto por el chaleco modular que cargaba con nuestros cargadores y con la munición de la m-24 (nuestra arma de francotiro)  que se encontraba en nuestras espaldas. Además de eso llevábamos un sobretodo de camuflaje que los francotiradores suelen preparar con días de anticipación antes de una misión. El traje se prepara y se pinta de acuerdo al terreno en el que se va a desenvolver la misión. Ese sobretodo se quedaría con nosotros setenta y dos horas más y solo nos lo quitaríamos cuando estemos de vuelta dentro del humbee que nos iba a recoger  tres días después.

Olía a hierba fresca. Había una deliciosa noche de invierno. El cielo estaba más que limpio. Tan limpio que daban ganas de llorar.

Caminamos por una hora y media y llegamos al punto donde tendríamos que abrir nuestro puesto de observación. No nos decíamos nada y todo lo que hacíamos, lo hacíamos de manera automática. Lo habíamos hecho decenas de veces y estábamos curtidos. Nos quitamos las pesadas mochilas. Abrimos una de ellas y extrajimos una especie de bolsa de dormir abierta donde pondríamos nuestros cuerpos. Estaba hecha de un material aislante que evitaba que el frío del suelo nos entuma las barrigas. Luego extrajimos las dos m-24 que estaban forradas en malla de camuflaje y con las miras telescópicas de visión nocturna puestas. Les abrimos las patas de apoyo y las hicimos reposar en el piso. Luego sacamos la mira telescópica con la que se hacen las medidas. Armamos su pequeña base y la colocamos en el piso. Una vez que extrajimos las provisiones de la noche. Comida y papel higiénico. Nos recostamos sobre la funda aislante y pusimos el ojo en nuestras miras telescópicas de visión nocturna. Gracias a que el cielo estaba limpio y había mucha luz de las estrellas, las miras de visión nocturna trabajaban a la perfección. Vimos el container que estaba al otro lado de la frontera. Exactamente al otro lado de la quebrada que separaba los dos países. Lo habíamos visto en las imágenes satelitales y sabíamos que era nuestro punto de referencia. Estábamos listos en nuestro puesto, acurrucados el uno junto al otro. Disfrazados de “mala hierba”. El sudor de la caminata comenzó a secarse sobre nuestra piel. Copos de nieve empezaron a adornar la tierra a nuestro alrededor.  Nos miramos mutuamente. Sonreímos y volvimos a poner los ojos en la mira de los rifles.

Miré mi reloj. Eran la una y media de la mañana del primero de Enero del 2011. De pronto caí en la cuenta de que era año nuevo. Y yo estaba lejos de casa. En un país en el que no se festejaba dicha fiesta ni ningún otra que yo haya festejado antes. Echado en la cima de un monte helado en la frontera con el Líbano. Con frío, con mucho frío. Con nostalgia, con mucha nostalgia. Pensando en el verano en el hemisferio austral y en las fiestas que todos estaban celebrando.

“Al menos tengo las más deliciosas estrellas del mundo”, me consolé. Y seguí mirando al conteiner al otro lado de la frontera.

Dos opciones

Leer y escribir hasta morir...

Interselecciones (este blog) se ha vuelto un sitio donde puedo hacer ejercicios literarios más que ninguna otra cosa. De un tiempo a está parte llevo publicando lo que me da la gana, si ningún tipo de orden específico. Lo hago así porque me doy cuenta que fuera de ti y de ti, nadie me lee aquí. Bueno quizás yo me leo a mi mismo también. Pero no me lee ni mi mamá, ni mi esposa, ni mis tíos, ni mis abuelos. En resumen soy un escritor sin público (al menos en esta plataforma).

He llegado a la conclusión que tengo dos opciones:

  1. Sentirme mal, porque al cabo de cinco meses no he logrado conseguir un público suficientemente grande que justifique el hecho de sentarme a escribir y gastar mi preciado tiempo para que nadie lea lo que tanto esfuerzo me tomo construir, letra por letra, palabra por palabra, párrafo a párrafo. Si sigo esta línea de pensamiento no me queda más que decirles a todos: Señores he perdido la batalla pero no la guerra. Cierro este blog, pero volveré. La otra opción es:
  2. Sentirme bien, porque si nadie me lee, eso me da la más grande de las libertades para escribir lo que me venga en gana. Escupir a la Internet lo que me plazca, eyacular las ideas que se me crucen por la mente segundo a segundo en un interminable orgasmo creativo. Desde las más abominables hasta las brillantes que puedan ayudar a convertir el mundo en un lugar mejor o peor. Si sigo esta linea de pensamiento, puedo seguir escribiendo lo que me venga en gana sin esperar que alguien (ni siquiera mi perro) me lea.

Ya que nadie me lee. He optado por la segunda opción. Seguiré escribiendo sin orden y sin ponerme a pensar en los ojos de los fisgones (inexistentes) que podrían leer alguna de mis palabras.

Esto va a volver a ser un blog personal y voy a poner aquí lo que me de la reverenda gana.

Si estás leyendo esto y no te gusta no vuelvas a leer más. Si te gusta, no te preocupes, voy a seguir escribiendo hasta morir.